Este sábado me tocó ir al Auditorio Nacional de Música como siempre salí pletorica pues escuchar a Beethoven en su Sinfonía núm. 5 no es cualquier cosa, a continuación voy a transcribir al critico musical Gonzalo Lahoz para que os hagais una idea de lo que más o menos he sentido yo.
"No saben ustedes lo que han hecho viniendo aquí.Prepárense para ser sacudidos, zarandeados, estrujados y lanzados por los aires.El reomanticismo alemán en su mayor expresión.
Cuatro notas a golpe de martillo en el Monte del Destino. Tres corcheas y una blanca que,como Beethoven en si mismo, marcarían un antes y un después. Si como su Tercera
remodeló el camino establecido por Haydn y Mozart en un momento de profunda crisis personal,con su Quinta se establece definitivamente un nuevo concepto de verdad en el sinfonismo. El primer movimiento es puro drama (¡ escuchen esos maravillosos silencios¡), pura energía. En el segundo, de cáracter triunfal, las maderas y metales nos despliegan un "anhelo de lo infinito". La transición entre los dos últimos movimientos es pura filigrana, con unos timbales que nos recogen de cualquier oscuridad y nos arrastran hacia un estallido de fuerza y luz. Un subidón épico que llama a puñetazos a la puerta de nuestra alma. Magnificencia, energía y clerividencia a partes iguales."
Yo la verdad es que me he sentido trasportada al séptimo Cielo escuchando esta sinfonía que nada tiene que envidiar a la Novena, esto es opinión mía.
En la segunda parte escuchamos a Johannes Brahms
Se interpretó El concierto para piano numero 1 en re menor , opus 15.
También estuvo sensacional. Esta pieza la compuso Brahms muy angustiado al ver a Schumann, maestro y amigo, perdiendo la vida en un sanatorio mental tras haber intentado suicidarse. Su comienzo es un puro grito, un salto al vacío que nos sumerge de lleno en el drama romántico sin que apenas nos de tiempo a coger aire. (Reseña del programa).

